|
CHARLAS DE UN GAG-PA Bajo el signo de la balanza, del año LII, de Acuarius. EL TIO BETO. - A ver, dime, ¿de qué color era el caballo blanco de Napoleón? - Me preguntó el tío Beto, en actitud retadora, ante los elogios de que había sido objeto mi pequeña persona, por parte de mi tío "Wilson". - No lo sé. - Contesté, después de unos momentos de reflexión y durante los cuales el tío Beto había permanecido con una amplia sonrisa, misma que explotó en carcajada al escuchar mi respuesta. - ¡Pues blanco! ¿Qué no ves que en la misma pregunta te lo estaba diciendo? - Explicó, sin dejar de reír, mientras me daba una afectuosa palmada en el brazo. Yo también sonreí, al mirar cómo mi tío disfrutaba de su triunfo, pero, internamente, me sentía frustrado. No podía yo entender cómo el tío Beto, a quien yo admiraba por inteligente, me hubiese hecho una pregunta tan boba. Naturalmente que me había dado cuenta que él había pronunciado la palabra "blanco", pero sospechaba que debía haber algún truco, alguna trampa escondida que no podía yo descubrir, algún doble significado que no alcanzaba a comprender... Hoy, cuarenta y cinco años después, todavía me descubro, a veces, tratando de encontrar un significado oculto, una explicación desconocida a situaciones que simplemente son como son. SI HEMOS DE VOLVER A HABLAR... Cuando entré a la Casa Sede, lo encontré. El estaba allí elaborando algunos carteles para su próxima conferencia en el Ateneo Internacional de Yoga, o como se le llamaba más comúnmente, el Instituto de Durango. Después de unos instantes de duda, decidí interrumpir: - Buenas tardes. - Buenas tardes. - Contestó, volviendo ligeramente la cabeza. - Disculpe, ¿Puedo hablar con usted, un momento? - Desde luego que sí. - Respondió, sonriendo, al tiempo que se ponía de pie. - Me llamo Rigoberto Hernández... - Mucho gusto. Yo soy José Marcelli. Dígame usted en qué puedo servirle. - Me dijo, al tiempo que extendía su mano, sin dejar de sonreír. - Quisiera hacerle algunas preguntas en relación a algunos conceptos expuestos por usted en sus conferencias... - Pues, si no le importa que platiquemos mientras trabajo, estoy a sus órdenes... - Agregó, mientras volvía a tomar su pincel. De este modo se inició una conversación que abordó, entre otros, los temas de una posible tercera guerra mundial, la amenaza amarilla representada por Mao -Tsé-Tung y sus ochocientos millones de chinos, la validez de la alimentación vegetariana, la importancia de la Hatha-Yoga, la trascendencia del surgimiento de la Gran Fraternidad Universal... etc. Unos cuarenta minutos después, se levantó y me solicitó que lo disculpara, pero ahora tenía que ir a colocar los carteles. Me recomendó que asistiera al Instituto de Yoga y Cultura Integral, que se encontraba a unas cuantas cuadras y donde estaba a punto de comenzar una conferencia que daría un Hermano Medio Gegnián, abordando los temas de nuestra plática. Así que lo acompañé a la esquina de la cuadra. Nos despedimos. Cuando comenzaba a cruzar la Avenida de los Insurgentes, alcé la voz, para preguntarle: -¿Cuándo podemos volver a platicar? -Si hemos de volver a platicar, platicaremos. -Aseveró, mientras cruzaba el asfalto. Me dirigí a la dirección indicada. Escuché la conferencia. A la mañana siguiente, volví, para inscribirme en el Instituto de Yoga y Cultura Integral, mismo que, al otro día, me recibió en su clase dominical de las diez de la mañana. LA SOCIEDAD CIENTIFICA. A los pocos meses de haberme inscrito, el "Hermano Marcelli", como prefería que le llamásemos, se hizo cargo de la Dirección del Instituto. Ese año obtuve un reconocimiento por ser "el instructor más popular". A su retiro, quedé como Jefe de Instructores y, posteriormente, me hice cargo de la Dirección del Instituto, poniendo en práctica las recomendaciones del Hermano Marcelli y alcanzando el Instituto su época de mayor rendimiento. Fue en ese tiempo cuando, aprovechando que había, entre los asistentes, profesionistas de diversas ramas, nos decidimos a formar la "Sociedad Científica". Uno de los primeros objetivos de la citada Sociedad consistía en estudiar objetivamente los efectos de las posturas de Yoga, aprovechando los conocimientos médicos y el acceso que se tenía a los laboratorios del Instituto Politécnico Nacional. Sin embargo, las reuniones administrativas encaminadas a la redacción de los estatutos de la Sociedad terminaron por cansarnos y los médicos se reunieron en el Instituto Aurobindo, formando la OMSI (Organización Mundial de Salud Integral ), además de colaborar con la redacción de algunos temas para los "cursos de preparación de profesores" , mismos que incluían y algunos temas de investigación que, a pesar de haber transcurrido veinticinco años, todavía resultan atractivos y que quizá más adelante podré compartir con ustedes. BAJO EL SIGNO DE LIBRA. Hoy, fecha iniciática correspondiente al día del Sat-Gurú, ejemplo de amor y entrega al trabajo impersonal, deseo compartir con ustedes el siguiente texto anónimo: UNA PEQUEÑA HISTORIA Esta es una historia sobre cuatro personas que se llamaban Todos, Alguien, Cualquiera y Nadie. Había un trabajo importante que se debía llevar a cabo y Todos estaban seguros que Alguien lo iba a realizar. Cualquiera pudo haberlo hecho, pero Nadie lo hizo. Alguien se enojó por eso, porque era trabajo de Todos. Todos pensaron que cualquiera pudo hacerlo, pero Nadie se dio cuenta que Todos NO lo iban a hacer. El caso terminó en que Todos se quejaron de Alguien cuando Nadie hizo lo que Cualquiera pudo haber hecho. |
|
| . |
Rigoberto Hernández Fuentes, Gag Pa. A su servicio. E-mail: righerf@hotmail.com Tel. 5712-5475 |