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CHARLAS DE UN GAG-PA Bajo el signo del saetero, del año LII, de Acuarius. POR EL RUMBO DE LA MERCED. Para quienes vivimos en la Ciudad de México, resulta frecuente encontrar, por los rumbos de Tacubaya, la Villa o la Merced, escenas como la que recuerdo haber visto hace varios años, a un costado de la Estación Merced, del Sistema de Transporte Colectivo. La metralla de voces de los vendedores ambulantes nos llega desde todos los ángulos y distancias. Comerciantes de todo tipo de mercancía bombardean a grito abierto a la posible clientela que, en su continuo ir y venir, nos recuerda las imágenes que alguna vez hemos visto de la vida en el interior de un hormiguero o de alguna colmena. En algunos puntos, la gente se apiña al tratar de conseguir al mejor precio la mercancía que se ofrece; en otros, se congrega en forma circular y escucha con atención. Me acerco a uno de éstos últimos. Miro y escucho durante algunos momentos: Un hombre de baja estatura, con voz acostumbrada a mostrarse como grito autoritario y con frases repetidas y cortas, pide a los presentes una moneda de cinco pesos para algo que no alcanzo a entender. A los pies del merolico se encuentra un gastado ejemplar de La Magia de las Velas, un paliacate rojo al que se le ha dado forma de muñeco, otra figura de forma humana, hecha de una cera oscura y atravesada por alfileres y, apiladas en montón, una gran cantidad de pequeños objetos que no alcanzo a distinguir, pero que luego supongo que son cruces. El locutor indica que los interesados extiendan su mano con la cantidad solicitada y entonces la mano que proporciona la moneda es analizada por el solicitante durante unos tres segundos como promedio. Desde el sitio donde me encuentro, no alcanzo a ver las manos, pero sí veo el resto del cuerpo: aunque la concurrencia es mixta, la gran mayoría son mujeres, pero todos sin excepción, denotan, por su vestimenta, una vida que no requiere de crisis internacionales para ser difícil. "Las líneas de tu mano me revelan que tú eres una mujercita que amas demasiado a los tuyos, pero ellos no saben apreciar tu cariño y no te responden como tú quisieras (la mujer afirma con la cabeza); a veces te encuentras desesperada y hasta quisieras salirte de tu casa; pero todo se debe a las malas vibraciones que se han apoderado de tu hogar. Te voy a obsequiar esta cruz y me vas a ir a ver a esta dirección (le entrega un pequeño papel impreso). "A ti, mi hermano, te puedo decir que las líneas de tu mano me indican que has sido tratado injustamente por tus patrones; que tienes deseos de superación, pero que el esfuerzo que has hecho hasta el momento ha sido infructuoso... y es que hay una mujer que por despecho te está haciendo mal; ve a verme a la dirección anotada"(le entrega el papel y el pequeño objeto). Con ligeras variantes, se repiten los mensajes y los actos, conforme se extienden los brazos y las manos muestran las monedas solicitadas. Mientras me alejo, recuerdo una frase del Maestro José Marcelli: "El miedo es el principio en que se basa la magia negra". MAGIA NEGRA Y MAGIA BLANCA. La anécdota anterior nos muestra claramente la manera de trabajar de aquellos que simpatizan con la magia negra. Para ser un mago negro no se requiere vestirse de oscuro, hacer ceremonias a media noche y conocer fórmulas especiales para invocar a los seres infernales; basta buscar el provecho personal por medio del engaño, de fomentar el miedo, la desconfianza y, en general, abusar de la ignorancia y de la confianza de los demás. Por el contrario, la magia blanca vibra con la luz del conocimiento, fomenta la armonía y la confianza, y pretende el bienestar general. Por lo tanto, para el estudiante de Iniciación, más provechoso que la lectura de cualquier tratado de magia, resulta el ejercicio de la acción noble y desinteresada en bien del prójimo. EL TRABAJO MÁS DIFÍCIL. -¿Cuál es, Venerable Maestro, el trabajo más difícil que como seres humanos debemos realizar? - Le preguntamos, en cierta ocasión, al Hermano Mayor. - El desarrollo de la conciencia.- Nos dijo, mientras se acariciaba la blanca barba. - Y, para desarrollar la conciencia, ¿Cuál es el trabajo más difícil?- Volvimos a interrogar. - Vencer el apego. - Contestó escuetamente. EL APEGO. Desde hace quince años, mi esposa y yo consideramos la posibilidad de cambiar de lugar de residencia, pues la Ciudad de México, la Capital del ruido y del smog, a pesar de sus muchas ventajas, estaba resultando perjudicial para la salud de los niños y especialmente para ella. Cuando estábamos por cambiarnos a la casa que ahora habitamos, dentro de la misma ciudad, pero bastante más alejada del centro, ella me comentó: "Aquí el aire se siente más fresco, más puro... hasta el cielo se ve más azul..." En realidad a mí no me lo parecía, así que le dije: "Estás soñando; éste es el mismo aire y el mismo cielo de nuestro rumbo..." Sin embargo, después de verla caminar sin fatiga por diez cuadras, por primera vez en años, tuve que creerle y nos mudamos a esta casa, que es la casa de ustedes. Hace un año, pensando en el mismo motivo, les pregunté a todos los miembros de la familia si estarían de acuerdo en que nos mudáramos a otra ciudad. Les expliqué la conveniencia de trasladarnos a Morelia. Mi esposa se entusiasmó con la idea. De mis cuatro hijos, dos externaron su preferencia por la Ciudad de México, hubo una abstención y otro voto a favor del cambio. Al preguntarle el motivo de su decisión, la niña que estaba a favor del traslado dijo: "Yo sí estoy de acuerdo en que nos vayamos a Morelia porque, como ya estás tan viejito y pronto te vas a morir, me parece bien que te enterremos cerca del lugar donde naciste". |
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Rigoberto Hernández Fuentes, Gag Pa. A su servicio. E-mail: righerf@hotmail.com Tel. 5712-5475 |