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CHARLAS DE UN GAG-PA Bajo el signo del toro, del año LIII, de Acuarius. TIERRA.. - ¿Qué vamos a hacer - le pregunté al Hermano Mayor, Mientras subíamos por el camino de piedra, hacia su casa, en el Ashram de Coatepec - cuando usted ya no se encuentre con nosotros, si viene un Maestro de la Línea Lunar? El Maestro volteó y se me quedó viendo. Sentí la necesidad de ampliar. Entonces, agregué: ...Bueno, disculpe que lo pregunte, pero no creo que supiésemos cómo actuar si usted ya no se encontrara físicamente con nosotros y llegara, por ejemplo, un Maestro de la Línea Lunar, pues ellos tienen Sat-Arhats y nosotros no... y como usted nos ha dicho que debemos seguir al mayor... El Maestro se detuvo, cortó unos pequeños frutos de un árbol y los compartió conmigo. Con las yemas de los dedos, limpió los suyos del posible polvo y, mientras los comía, volvió nuevamente el rostro hacia mí y dijo: - Mira, fíjate bien: Si un Maestro de la Línea Lunar se presentara cuando ya no esté yo, ustedes podrían recibirlo en Cámara; pero, si vieran que ese Maestro comenzara a hacer las cosas de un modo distinto a como lo ha enseñado el Hermano Mayor, ustedes tendrían que decirle: "Disculpe, Maestro, pero el Hermano Mayor nos enseñó a hacerlo de esta manera...", y ustedes seguirían haciendo todo tal como lo ha enseñado el Hermano Mayor. AGUA... Mientras conversamos, la Hermana Getuls me dice: - He observado que cada vez que me acerco para saludar o despedirme del Maestro Marcelli, éste se levanta, aunque se encuentre comiendo... ¿Porqué lo hace? - Seguramente porque, además de Maestro, es todo un caballero, por más que ese concepto parezca ya anacrónico... - me atrevo a comentar. - Sin embargo, no todos los Maestros hacen eso... - Posiblemente sean Maestros más modernos, o cuando menos más prácticos... En lo personal, recuerdo que el Maestro Estrada nos señalaba que no debíamos de permanecer sentados mientras una mujer estuviera de pie frente a nosotros... pero son tantas las Hermanas que se acercan para saludar, preguntar, invitar o despedirse... - Sí, tiene razón... creo que las mujeres deberíamos poner más cuidado en esos detalles y, al menos, dejar comer en paz a los Maestros, procurando no interrumpirlos en esos momentos... AIRE. - ¿A qué se deberá, Reverendo, que no le entiendo al Maestro? Por más esfuerzos que hago, no le entiendo. Más fácilmente le entiendo al Hermano (...) y eso que no es Maestro. ¿Porqué me sucede esto? - Posiblemente porque ese Maestro no es su Maestro. Todos los Maestros dicen básicamente lo mismo; sin embargo, la manera de decirlo puede variar, conforme a la circunstancia de cada quién, y es por esto que la manera como alguno de ellos lo explica nos puede resultar más familiar. FUEGO. - ¿ Oye, Rigoberto, qué es lo que les dicen en secreto a los que reciben su cruz? - Me pregunta Olivia, yamín, pocos días antes de ser honorificada. - Pues, si realmente estás convencida de que deseas portar el emblema, pronto te enterarás. - le contesto mientras sonrío. - ¡Ah! ¡Ya sé qué es lo que les dicen! - ¿De veras? - ¡Claro que sí! - me contesta, disfrutando, seguramente, de mi sorpresa. - ¿Y qué es lo que les dicen? - vuelvo a preguntar, ahora con curiosidad. - ¡A trabajar! Seguramente que eso es lo que nos van a decir. ¿A poco no? Seguro que nos van a decir: ¡A trabajar! ¡Pónganse a trabajar! Los dos reímos de buena gana. DERECHO AL TRABAJO... - Fíjese, Reverendo, que nosotros tres hemos pensado instalar un Centro Cultural; para esto hemos pedido el permiso del Consejo Local, para que trabajemos como la misma persona moral, pero pasan los meses y el Consejo no nos autoriza. Dicen que tienen que solicitar permiso del Nacional o del Mundial... y si lo ponemos por nuestra cuenta, con otra razón social, nos van a acusar, como ya ocurrió en otro tiempo, de que no somos de la G.F.U. Si seguimos esperando, vamos a perder el contrato del local ¿Qué hacemos? - De acuerdo a lo que me dice, deben tomar el local e inmediatamente pónganse a trabajar. Desde luego, atiendan bien todos los trámites legales, para evitarse problemas. El Consejo, en todo caso, sabrá comprender que hubo necesidad de actuar de este modo; y, para otra ocasión, cuando usted se encuentre convencido de que lo que va a hacer es por el bien de la humanidad en general y de nuestra Institución en particular, no tenga miedo. Recuerde que todo mundo tiene derecho al trabajo... mas no a los frutos. CONGRUENCIA. Mientras ando de compras por el centro de la ciudad, alcanzo a distinguir, a un costado de la Catedral, a un hombre de mediana estatura, de tez blanca, barba hirsuta y abdomen prominente, que, a grito abierto, frente a una veintena de mirones, explica las bondades de la alimentación vegetariana, contenido del libro que trata de vender: "... si no quieren tener una horrible panza como la mía, deben leer esta maravillosa obra de la alimentación más saludable, que es la vegetariana..., y solamente les cuesta unos cuantos pesos..." Mientras me alejo en medio del ruido de los motores de los autos, va quedando atrás la música de cassettes, las voces de vendedores y los sonidos rítmicos de instrumentos y danzas que pretenden revivir un pasado remoto. Recuerdo al vendedor de libros y voy pensando cómo, cuando alguien lleva el mensaje de la Nueva Era, aún cuando no sea el mejor representante de dicho mensaje, siempre habrá alguien dispuesto a escucharle. PARADOJA PROFANA. En esta Ciudad de México, cierta maestra, que decidió radicar en provincia, puso un anuncio, pidiendo cien mil pesos por su negocio. Pasaron los meses; nadie se interesó. Resignada a seguir viviendo en la Capital de las prisas y el smog decidió, como broma, pedir trescientos mil pesos por su negocio, en otro anuncio. A los dos días lo vendió en esta cantidad. PARADOJA INICIATICA. En aquel monasterio vivía un monje que, por sus muchos años de servicio y experiencia, los demás lo consideraban como el Superior de su grupo, a pesar de no poseer ningún Grado mayor que el de ellos. Cierto día pasó por allí un alto Dignatario de otra Orden. Durante su visita, ofreció a aquel monje otorgarle, de manera inmediata, el siguiente Grado y , en pocos meses reconocerle otro más, a cambio de su solidaridad. El anciano monje escuchó pacientemente la oferta y, reconociendo que había ocupado más de la mitad de su vida en un esfuerzo constante para ser digno de alcanzar el siguiente Grado, con una amable sonrisa, agradeció el que se le tuviera en tan alta estima... y la rechazó. |
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Rigoberto Hernández Fuentes, Gag Pa. A su servicio. E-mail: righerf@hotmail.com Tel. 5712-5475 www.galeon.com/righerf |