CHARLAS DE UN GAG-PA
Bajo el signo de la virgen, del año LIII, de Acuarius.



EL SERVICIO.
Esto sucedió cuando yo era solamente Gegnián.
- Venerable Maestro: Me gusta la G.F.U. y actualmente soy Director de un Instituto, trabajo como empleado federal y estudio en la Universidad; me doy cuenta que no me alcanza el tiempo para todo... ¿Qué debo hacer? - Le expliqué al Hermano Mayor.
- Debes cumplir en la G.F.U., debes cumplir con tu trabajo y debes cumplir con la Universidad.
- ¿ Y realmente son necesarios los estudios universitarios, Maestro? Lo pregunto porque a mí no me parece que lo que se enseña en la Universidad sea tan importante... a mí me parecen más valiosos otros tipos de estudios...
- Mira, a mí me gusta que mis discípulos se preparen... porque a la gente le gusta eso de los títulos. La gente no responde de la misma manera cuando la invitan a escuchar una conferencia de fulano de tal, que cuando la invitan a escuchar una conferencia impartida por el señor licenciado fulano de tal. Así que a mí me gustaría que volvieras a la Universidad y terminaras tus estudios.
Meses después, tuve oportunidad de comentarle:
- Lo que más me duele, Venerable Maestro, es que tuve que pedir permiso a mi Escuela Pre-Iniciática para poder asistir a clases en la Facultad.
- ¿Por qué? ¿Acaso tú sientes que te has vuelto más bruto por eso? - Me preguntó con tono recio y seco. - Mucho tiene que ver la intención con la que se hacen las cosas. No es lo mismo hacer algo por un motivo, que por otro y, si tú ahora no puedes asistir a tu Escuela por estarte preparando para servir a la G.F.U., ya más adelante podrás.

EN QUERETARO.
Hace, aproximadamente tres años, mientras visitaba a los Hermanos de esta ciudad, antes de llegar a la Central de Autobuses, me di tiempo para visitar, brevemente, a la Hermana Ruth Quintanar, a quien, como muchas otras personas con las que tuve oportunidad de convivir años atrás, aún recuerdo con afecto, sin que por ello, necesariamente, comparta sus ideas en lo referente al desarrollo de la S.O.A.
Aquella tarde, con jardines a la entrada y al fondo, nos sentamos en la estancia de su casa. El mejor Feng-Shui (si resulta válida la expresión), se hace presente a través de la armónica combinación de líneas y colores de los muebles elegantes y modernos, sin pretensiones de lujo. Conversamos.
Recordamos otros tiempos, en que la Hermandad de Querétaro tuvo que enfrentar algunas pruebas que se presentan en todos los sitios donde la Institución va alcanzando cierto grado de desarrollo.
En cierto momento de nuestra plática, ella pregunta:
- ¿... Y cómo anda la Línea Solar?
- Avanzando. Quizá no tan rápido como lo deseáramos, pero continuamos avanzando.
La conversación avanza, recordando aquellos años en que su casa hospedaba a todo Jerarca Solar que llegaba a esa ciudad y recordando a Hermanos que emigraron a otras ciudades por motivos laborales; otros, que simplemente se alejaron del Trabajo que se está haciendo institucionalmente y otros más, que decidieron continuar bajo la guía de uno u otro Maestro.
- Mi hermana prefirió quedarse en la Línea Solar, mientras que yo decidí seguir al Maestro Domingo.- Me dice, mientras bebemos un vaso de jugo de naranja.
- ¿Porqué? - Me atrevo a preguntar, después de unos instantes, en que el silencio se desliza entre nosotros.
- Pues... porque el Maestro Domingo se quedó completamente solo, y alguien tenía que apoyarlo.
- Sí, es cierto; se quedó sólo, pero fue porque él así lo decidió. Aún recuerdo sus comunicados, en los que renunciaba al tratamiento jerárquico de la Orden y que él mismo, en persona, ratificó, cuando nos dijo que renunciaba (a pesar de los muchos Hermanos que le rogaban que se quedara), porque "tenía que realizar un trabajo que sólo él podía hacer".
- Bueno, es que el Maestro Domingo... mire, la verdad es que él insiste todavía en que no le digamos Maestro, pero.. para los que lo tenemos cerca, es un Maestro...
- Le entiendo. De hecho, yo también prefiero hacer referencia a él con el calificativo de Maestro, en atención a la posición que una vez ocupó en la Orden, independientemente de todo lo demás.
- Sí, ya sé que se dicen muchas cosas del Maestro Domingo... pero nada de eso es cierto.
- Pues yo solamente puedo decir lo que otros me han dicho... y han sido diversas fuentes.
- Le repito que no es cierto... además, lo de Mónica... yo sí puedo comprenderlo, porque me doy cuenta de cómo sienten y piensan mis hijas... - Me explica, haciendo referencia a sus hijas, gemelas, que a los doce años eran ya expertas cocineras y ahora se han vuelto profesionistas y empresarias.
- Mire, la verdad es que yo no podría afirmar o negar ciertas cosas que se dicen acerca del Maestro, porque no me constan personalmente, pero su renuncia sí tuve oportunidad de escucharla, y de una cosa sí puedo estar seguro: un Iniciado no puede hacer a un lado la responsabilidad que le corresponde, y el Maestro, en su momento, renunció a esa responsabilidad...
- ... Pero es que, si usted lo viera... Dentro de un mes va a venir a San Luis... ¿ No le gustaría platicar con él? - Me preguntó, después de exaltar las virtudes de su Maestro.
- Muchas gracias; verdaderamente le agradezco su invitación, pero no ando buscando un Maestro. - Le contesté, al tiempo que me levantaba para saludar a una de las gemelas, que entraba, llenando de primavera el ambiente.
Nuestra conversación se interrumpió por uno o dos minutos. Ellas atendieron algún asunto cotidiano y yo, al mirar en lo que se había convertido una de aquellas niñas que conocí cuando por primera vez me invitaron a comer en aquella casa, pensé: "Ciertamente dicen que de lo bueno, poco; pero yo digo que, si de lo bueno, doble, es mucho mejor".
Cuando volvimos a quedarnos solos en la estancia, volvió a preguntar:
- ¿ De veras, no le gustaría hablar con el Maestro?
- Le reitero mi agradecimiento - volví a contestar -, pero le repito que no estoy buscando un Maestro.
- ¿ Es usted discípulo del Maestro Marcelli?
- Creo que la respuesta a esa pregunta le correspondería al mismo Maestro Marcelli. Yo tuve la fortuna de conocer al Maestro Estrada y decidí seguirlo porque se me hacía fácil entender lo que él decía. De hecho, cuando yo era Gegnián, tuve la idea de alejarme de la Institución tan pronto como me diese cuenta que había aprendido lo suficiente del Hermano Mayor. Han pasado los años y cada vez me convenzo más de que todavía me falta mucho por aprender.
- Pero uno necesita un Maestro de carne y hueso que lo siga guiando... - me interrumpió.
- Desde aquellos tiempos, el entonces "Hermano Marcelli"(quien insistía que así le llamáramos) siempre fue un punto de referencia muy importante para mí. Con la desaparición física del Maestro Estrada, considero que estoy bajo la supervisión del Maestro Marcelli. De hecho, él fue quien me hizo Gag-Pa y, aunque yo no puedo evitar tener mi particular punto de vista sobre algunas de sus decisiones, las respeto porque, finalmente, él es el mayor y el responsable de la Institución, y yo solamente puedo participar de esa responsabilidad en la medida que él considere que lo puedo hacer.
- Bueno, ustedes tienen su Cuerpo Colegiado.. ¿Además, no es acaso mayor el Maestro Domingo?
- En su momento, fue el mayor.
Ambos guardamos silencio unos instantes. Miré el reloj y supe que había llegado el momento de despedirme. Todavía nos dimos tiempo para comentar la necesidad que tienen tantos millones de seres humanos, que andan buscando un Maestro que los ayude a hacer luz en sus conciencias y mejorar así, su calidad de vida. Finalmente, nos despedimos.
- Espero que no lo vayan a correr... - Me dijo, sonriendo.
-¿Porqué?
- Pues por venir a saludarme.
- No lo creo. El día que se prohibiera a los miembros de la Orden tener amistades personales, nos habríamos convertido en una secta. Ahora que, si me corren... tendría yo que volver a comenzar.

INVITACION.
Si alguno de ustedes recuerda alguna anécdota con el Hermano Mayor, y desea compartirla a través de estas Charlas, les agradeceré me lo hagan saber por este medio electrónico o por teléfono. Por cierto, a los Hermanos del interior de la República, les aclaro que no es necesario marcar otro número cinco como clave LADA, pues ese mismo número ya está incluído en la anotación que aparece al final de las Charlas. Reciban mi agradecimiento anticipado.
. Rigoberto Hernández Fuentes,
Gag Pa. A su servicio.
E-mail: righerf@hotmail.com
Tel. 5712-5475
www.galeon.com/righerf




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